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Tres meses creyó que yo era Fresa

4 min de lectura

Durante tres meses, Brayan Sandoval le escribió todas las noches a «Fresa», la mujer más dulce que había conocido en internet. El día que por fin tocó su puerta con rosas en la mano, quien abrió fue don Evaristo Pimentel, de 71 años, con una peluca roja torcida y los labios pintados.

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Lo que pasó después en esa cabaña de playa tiene a medio barrio sin poder parar de reír. Y lo que Brayan descubrió al día siguiente lo dejó sin palabras

La videollamada que lo cambió todo

Era mediodía y don Evaristo estaba tranquilo en su cabaña, entre tablas de surf viejas y un ventilador que apenas giraba. Entonces el teléfono vibró: videollamada entrante de Brayan.

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Nunca había contestado una. En tres meses, siempre tenía una excusa: la cámara rota, la señal mala, el pelo mojado. Pero esta vez no hubo tiempo para inventar nada, porque alguien tocó la puerta tres veces.

—Fresa, mi amor, ya estoy afuera, abre la puerta.

Don Evaristo se llevó las manos a la cabeza. «Ay Dios, si me ve se acaba todo», susurró. Abrió el baúl, sacó la peluca roja rizada, se amarró un pareo rojo encima del traje de baño y se pintó los labios sin espejo.

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La puerta se abrió

Afuera, Brayan esperaba con un ramo de rosas rojas y una caja de chocolates en forma de corazón. Llevaba su mejor camisa y una sonrisa de enamorado.

—Tres meses hablando y nunca me enseñas la cara.

La puerta crujió. En el marco apareció don Evaristo, peluca torcida, pareo rojo y pestañeando como en las telenovelas. Con la voz más aguda que le salió, dijo:

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—Hola mi amor, la cámara engaña un poquito.

A Brayan se le cayó la mandíbula. «Usted es un señor con peluca», alcanzó a decir. Furioso, tiró las rosas y los chocolates contra la arena: los pétalos volaron con el viento y los bombones rodaron hasta la orilla. Se fue caminando hacia el mar y gritó por encima del hombro: «Me engañaste, viejo».

Don Evaristo no respondió. Se quitó la peluca, se rascó la calva y sonrió. Sabía algo que Brayan todavía no.

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La verdad detrás de las fotos

La mujer de las fotos sí existe. Se llama Daniela Robles, tiene 29 años y es la vecina de don Evaristo desde hace una década. Es tímida, trabaja de enfermera en turnos de noche y nunca se había atrevido a escribirle a nadie.

Un día vio a Brayan en la playa y le confesó a don Evaristo que le gustaba. Fue él quien tuvo la idea: abrir el perfil de «Fresa» con las fotos de Daniela y escribirle con permiso de ella, «solo para romper el hielo». Daniela leía cada mensaje. El problema fue que don Evaristo se entusiasmó demasiado y nunca supo cómo decir la verdad.

A la mañana siguiente, Brayan volvió a la playa para reclamar. Encontró a don Evaristo sentado frente a la cabaña, y a su lado, con un vestido blanco y las mejillas coloradas, estaba Daniela.

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—Las palabras eran de él —dijo ella—. Pero lo que sentía cuando las leía era mío.

Brayan recogió del suelo lo que quedaba del ramo, se lo ofreció a Daniela y le pidió perdón a don Evaristo por haberle gritado. Esa misma tarde fueron los tres a almorzar. Don Evaristo, esta vez, sin peluca.

¿Y tú qué habrías hecho?

¿Lo habrías perdonado o te habrías ido para siempre? Cuéntanos en los comentarios y escribe FRESA si quieres la parte 3: la primera cita de Brayan y Daniela, con don Evaristo de chaperón.

Comparte esta historia con ese amigo que lleva meses hablando con alguien que nunca prende la cámara.

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Historia de ficción. Cualquier parecido con personas reales es coincidencia.

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