Mi madre y yo llevábamos dos años sin hablarnos por una pelea tan tonta que ya ni recuerdo cómo empezó. El orgullo es así: construye murallas por cosas que caben en un dedal.
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Ella llamaba de vez en cuando. Yo dejaba que sonara. Escuchaba después sus mensajes en el contestador, sin devolverlos nunca. ‘Soy yo. Solo quería saber cómo estás.’ Borrar. Siempre borrar.
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