Cuando se recuperó, el primer domingo puso la mesa otra vez. Esta vez había un plato para mí, servido, humeante, en el centro. No dijo perdón con palabras. Lo dijo con comida, que en su idioma era lo mismo.
Publicidad
Cuando se recuperó, el primer domingo puso la mesa otra vez. Esta vez había un plato para mí, servido, humeante, en el centro. No dijo perdón con palabras. Lo dijo con comida, que en su idioma era lo mismo.