El negocio creció. No de golpe, sino como crecen los árboles: sin que nadie lo note hasta que un día dan sombra. Diez años después tenía oficinas de verdad y necesitaba contratar gente.
Publicidad
Entre los currículums llegó uno conocido. El mismo hombre que se había reído de mí, ahora desempleado, mayor, buscando cualquier cosa. No lo reconoció al principio. Yo sí lo reconocí de inmediato.
Publicidad